
Los términos "Estado corporativo", "economía corporativa" y "corporativismo" se han utilizado en el debate reciente más como términos insultantes que elogiosos, y no sólo en el lenguaje periodístico, sino también en contribuciones académicas (Schmitter, 1974; Winkler, 1976; Salvati, 1979), y no sólo desde la izquierda, sino también (en el Reino Unido) desde la derecha, en el período que precedió al desafortunado experimento de neoliberalismo económico de la dama de hierro, laThatcher.
"Socialismo, nuevo estilo", es una extraña formula, aun incompleta que elogia de alguna manera "la social-democracia" alemana por sus intentos de crear "un nuevo tipo de Estado corporativo", basado aparentemente en la cooperación entre sindicatos y empresas bajo cierto control estatal, y donde se elogiaba también los esfuerzos del Partido Laborista británico en la misma dirección.
Aunque creo que ningún diario inglés, ni incluso alemán, se hubiera atrevido a usar un término como "Estado corporativo" con tanta inocencia, la cuestión interesante es si, aparte de ser elogioso o insultante, es o no una descripción adecuada, de valor analítico.
Debería argumentarse que el término adecuado para un Estado “parlamentario” como Alemania o el Inglaterra no puede ser "Estado corporativo", puesto que no existen cámaras corporativas basadas en la representación ocupacional o profesional. Hubiera sido obviamente erróneo decir que la socialdemocracia alemana o inglesa se movían en dirección a "Estados corporativos" sin parlamentos.
La cooperación entre los sindicatos y los empresarios bajo los auspicios del Estado para preservar los márgenes de benefició (conocida como "pacto social" en el Reino Unido, como konzertierte Aktion en Alemania) podría ser descrita más bien como una "estructura corporativa" en el sistema político-económico.

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